El oro de Toledo, en nuestras tiendas

Por | 26 julio, 2016 | 0 comentarios

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Diversos objetos de damasquinado en Regalos Torres

Cuando paseamos por Toledo, si nos fijamos en las tiendas y establecimientos de recuerdos, leeremos que son comercios donde se vende artesanía y reciben el nombre de “Damasquinos”, con objetos elaborados a partir de la técnica del “damasquinado”.

Pronto nos damos cuenta que ese nombre procede de su derivación de la capital de Siria, tan tristemente de moda, la ciudad de Damasco.

Según cuenta el portal paseandoporlahistoria.blogspot.com, esta ornamentación se puede aplicar a toda clase de objetos artísticos y se ha practicado en la historia desde muy antiguo entre los egipcios (se conoce incluso la presencia de algún elemento damasquinado hallado en las tumbas de los faraones), los griegos y los romanos, siendo también muy notables y de gran antigüedad los ejecutados en Japón y en China; éstos, al menos desde 1.500 años a.C.

Adquirió gran desarrollo en Oriente desde que el Imperio Romano se trasladó a Bizancio, siendo originarias de Damasco (Siria) las mejores piezas que llegaban de Europa, por lo que este arte tomó el nombre de Damasquinado, aunque también se le llama “Ataujía”. 

A este resurgimiento de un arte olvidado en Occidente, contribuyó en primer lugar el lujo desplegado en las armaduras y armas en toda Europa desde finales del siglo XV: suntuosos arneses de Carlos I y Felipe II. Durante el Renacimiento y el Barroco el damasquinado evolucionó como un accesorio de joyería y orfebrería, realizándose en este periodo gran número de arcones, cofrecillos, cajas y joyeros.

El damasquino en Toledo resurge con fuerza durante el siglo XIX al abrigo de la fábrica de armas “Santa Bárbara” fundada por el Rey Carlos III. La técnica del damasquinado consiste en ir incrustando metales finos (casi siempre oro y plata) sobre hierro o acero, después de realizar una serie de surcos con una cuchilla para que se puedan fijar bien.

La técnica es muy complicada; la elaboración de un plato decorado, por ejemplo, lleva unas 25 horas de trabajo ininterrumpido del artesano, aunque todo depende del tipo de dibujo del que se trate. Toledo es en la actualidad el mayor foco de producción de damasquinado del mundo, y donde se ejecutan la mayor diversidad de piezas. Se siguen realizando labores de estilo Mudéjar, Renacimiento y algunas nuevas como las denominadas “vistas”.

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